 |
Philine Maurus
Acerca de la exposición “Chichen-Itzá” de Gabriela Pavón de Naumann
Inaugurada el 2 de marzo del 2008, Palais Hirsch, Schwetzingen, Alemania
No es esta la primera exposición de Gabriela Pavón en la que me confieren el honor de presentar un breve discurso de apertura de la artista y su obra. Llevo ya varios años observando y acompañando el recorrido artístico de Gabriela Pavón y puedo afirmar que conozco a pocos artistas que hayan tenido una trayectoria igual o casi igual de tempestuosa, que hayan realizado igual cantidad de experimentos en distintos campos y con los más variados materiales o que muestren una pasión y una versatilidad semejantes. Más adelante fundamentaré mis elogiosas palabras.
Gabriela Pavón le facilita la tarea a cualquier orador de expresar un discurso inagural en sus exposiciones, al facilitarnos el acceso a sus raíces, que a nosotros nos resultan “exóticas”. Es originaria de México, un país con el que nosotros asociamos un mundo soleado y multicolor, música, vistosos mercados y una bulliciosa alegría de vivir. Gabriela Pavón reflejó esta cara de su patria en una exposición anterior, presentando cuadros de colores terrosos, que irradian una agradable calidez. Hoy insinúa la otra faceta de México, de colores más oscuros. Nos referimos a los antiguos templos, las formas arquitectónicas arcaicas y los colores sombreados. Nosotros solemos imaginar Centroamérica como una tierra soleada; en México, en cambio, el cielo sobre la península yucateca en raras ocasiones presenta un espléndido color azul, sino que en la mayoría del tiempo está cubierto de nubes. El clima es caliente y húmedo, por consiguiente sumamente fértil. La naturaleza no suele tolerar por mucho tiempo la arquitectura, los templos y muros, es decir, la obra humana. En poco tiempo cubre lo que encuentra a su paso. La naturaleza acapara la obra humana, engulléndola literalmente.
Gabriela Pavón se ha adentrado en terreno nuevo, que en realidad es muy antiguo: la pintura figurativa. Si la comparamos con la gran mayoría de los artistas, su recorrido resulta anticíclico. A partir del siglo XX, muchos pintores empezaban con arte figurativo, simplemente porque antes de Kandinsky uno no se podía imaginar otra cosa que la representación fiel de este mundo. Fue todo un logro para la pintura el que paulatinamente se librara de la tendencia a reflejar objetos concretos para llegar a lo abstracto, conquistando así una insospechada variedad de nuevas formas de expresión.
Gabriela Pavón ya había presentado un estilo más abstracto, jugando con colores y formas puros. Hoy vuelve a lo que es la interpretación de la realidad, si bien de modo muy libre y personal. Lo único que demuestra su nueva orientación hacia lo figurativo es el hecho de que en repetidas ocasiones opta por formas racionales, de rectángulos y cuadrados, al hablar de muros. Tiene un nuevo tema:
Recortes de muros antiguos
Los muros protegen a los moradores de casas y ciudades, marginan a los enemigos, separan los recintos sagrados de las profanos, son infranqueables, pero permeables. Las puertas en los muros representan entradas o salidas, permiten echar un vistazo a lo privado e íntimo al igual que a lo lejano.
Los muros viejos cuentan cuentos. De ellos se desprende la historia de la arquitectura, los cambios que se han operado en una edificación, la prosperidad de una ciudad: ¿Acaso se ha empleado una piedra local, o una de procedencia muy lejana, mucho más valiosa y costosa? ¿Qué cambios ha sufrido el muro? ¿Lo conservan los hombres, o lo va recuperando la naturaleza, convirtiéndolo en material natural?
Los muros son obra humana
Obra humana, es decir, figuras geométricas, que apenas existen en la naturaleza, exceptuando algunos contados cristales. La naturaleza se nos revela como un caos creativo, que se rige por ciertas pautas, presentando formas orgánicas cambiantes, con todos los colores que ofrece el arco iris, con estructuras modificables, con errores, sin embargo en constante desarrollo, en permanente devenir y desaparecer.
Por otro lado, tenemos las formas claras, con límites definidos y superficies y volúmenes calculables mediante la matemática, lo rectangular, lo cuadrado, líneas trazadas con regla o curvas dibujadas con el compás, en definitiva, la geometría, la obra humana, fuente de inspiración de las más recientes pinturas de Gabriela Pavón.
Gabriela Pavón refleja su nuevo tema, los muros, a través de rectángulos y cuadrados. Estos rectángulos pueden corresponder a viejas piedras de un muro, o a la idea racional de una obra arquitectónica, que va edificándose, piedra tras piedra, con orden y disciplina, según las leyes descubiertas a lo largo de la historia por el ser humano sobre la gravedad y el efecto de las cargas. A veces, Gabriela Pavón cita de modo muy realista los muros mexicanos, así por ejemplo los huecos redondos y ornamentales en las piedras:

o los ornamentos gráficos (véase el Juego de Pelota a continuación):

o genuinos retratos esculpidos en piedra a modo de relieve con una pronunciada profundidad escultural.

Cuando no logramos captar de buenas a primeras una citación, ello obedece probablemente a nuestro desconocimiento de la fuente que se está citando.
El título de la exposición, Chichen Itzá, nos encauza hacia las imágenes originales: Chichén Itzá es uno de los mayores y más importantes sitios arqueológicos del mundo maya.
Durante el primer milenio, el antiguo asentamiento maya era un floreciente emporio, cuando ciudades mayas ubicadas más hacia el sur ya habían desaparecido. Hoy por hoy, Chichén Itzá es un extraordinario testimonio de una gran civilización del pasado. Se caracteriza por templos con amplias y altísimas escalinatas:

Estelas con ornamentación geométrica al igual que inmensas estructuras cúbicas marcan el panorama del yacimiento, constantemente acechado por la selva que amenaza con devorárselo.
Observemos más de cerca dos cuadros:

Ofrecen un sinfín de posibilidades, a distintos niveles:
- Nivel racional: vemos un muro real, constituido por sillares de muchas toneladas, con una apertura similar a una puerta, por detrás una vista hacia la luz, hacia afuera, hacia la deslumbrante claridad meridional.
- Nivel asociativo: imaginamos una escenografía concebida para la ópera Aída. O bien la puerta de la inexpugnable Troya, abierta para recibir el obsequio funesto. Reconocemos la gigantomanía de los templos egipcios, de los que se inspiran desde el modernismo hasta la arquitectura Bauhaus - que se ha vuelto a retomar en el posmodernismo.
- Nivel emocional: percibimos calidez, observamos formas arquitectónicas claras y reconocemos las reglas clásicas que definen la belleza, pero también la rigidez de la teoría de la proporción. Abriéndonos paso por la oscuridad, seguimos el rastro de la luz, percibiéndola como la “luz al final del túnel”, o bien como la luz que recibe al que se va de este mundo.
- Asociación material: en un plano de proyección, vemos planchas de metal oxidado, en un plano horizontal baldosas hechas a mano. Contrastan y armonizan lo ligero con lo pesado. Advertimos colores aparentes y ocultos, materiales lisos y supremamente ásperos.
Cada quien ve otra cosa, percibe algo distinto y asocia las obras con algo diferente. Y eso es muy positivo.
Al observar este cuadro, recogido en la portada de la invitación a la exposición,

presenciamos el efecto inverso de la relación positivo-negativo, es decir, algo totalmente distinto:
¿Acaso nos encontramos en un espacio interior claro, rodeados de muros, y mirando a través de dos orificios (o a través de un hueco obstruido por una viga) hacia el verdor, que se convierte en selva de diferentes y densas tonalidades verdes?
O bien, ¿nos encontramos en un espacio abierto, ante un muro, y vemos a través de una ventanilla hacia el interior de una casa con la que ya ha vuelto a hacerse la naturaleza y en cuyo interior ha vuelto a “instalarse” la selva?
O, en el más amplio de los sentidos, ¿se trata “tan sólo” de superficies blancas, trabajadas con mucho esmero, a las que se aporta más ligereza sombreando un poco y mayor vida mediante dos rectángulos de tonalidades verdes? Son obras que invitan a meditar prolongadamente, y cada quien advierte algo distinto, algo propio.
Gabriela Pavón experimenta aprovechando todas las alternativas que ofrecen la pintura y la creatividad. En esta ocasión usa una técnica mixta: óleo sobre fondo de acrílico. El óleo, que tiene un efecto barnizador, permite a los colores de fondo traslucirse. Además, la capa superior no lo recubre todo, sino que deja “huecos”, permitiéndonos distinguir libremente las capas inferiores que evocan islotes con bordes poco delimitados. Merece la pena ver de cerca las enormes cabezas de unos colosales relieves, al principio de la exposición: la aplicación de múltiples capas de colores y materiales suscita la impresión perfecta de una piedra vieja, en la que han dejado huella las inclemencias del tiempo y el musgo que la recubre.
A primera vista, es posible que la mayoría de las obras le parezcan sombrías. Quizá esperamos colores fuertes, que reflejan la alegría de vivir mexicana. Aquí, sin embargo, vemos muchos colores oscuros. Representan la forma tan intensa en que los mexicanos abordan el tema de la muerte. Pensemos tan sólo en las ceremonias fúnebres que familias enteras celebran a orillas de las tumbas de sus difuntos.
En resumidas cuentas: en la mayoría de las pinturas dominan las tonalidades oscuras de grises y negros.
Sin embargo, y al echar un segundo vistazo, notamos que se trata ante todo de obras de mucho color.
Al observar la profundidad de las capas de colores, reconocemos una gran riqueza de colores, propia de latitudes meridionales: hay rojos, naranjas, rosados, violetas, también cobre líquido con destellos metálicos, y un poco de azul y verde, todo ello oculto discretamente bajo capas superpuestas de colores que no permiten que destaquen las del fondo. Es preciso buscar y descubrir esta multitud de colores. Así por ejemplo las fugas rosadas en este muro o ventanilla panorámica del muro:

Por lo tanto, merece la pena acercarse a estas obras, después de haberlas observado a cierta distancia, para poder estudiar no tan sólo las formas imponentes, sino que también las sutilezas de estos bloques de muro. Al acercarnos a muros al aire libre también identificamos muchas estructuras muy finas y distintos matices de color que le dan la vegetación, los musgos o la erosión y otros daños. Lo mismo podemos afirmar en este caso. Gabriela Pavón conjuga la perspectiva panorámica con la vista enfocada de cerca, convirtiéndolas en una vista de conjunto.
Lo que de ninguna manera debemos pasar por alto es la gran sensibilidad del coloreado, la aplicación de diversas capas de pigmentación, la exquisita cultura del color de la artista. Una superficie “blanca” no es simple y llanamente blanca, sino que vibra en muchas tonalidades vecinas, cuya suma puede denominarse como “blanca”. El color negro de Gabriela Pavón también admite esta diferenciación. Visto de cerca, es un negro con tintes marrones, o un negro azulado, o un negro brillante. Nada es simple, ni los colores aparentemente inequívocos, ni las formas de apariencia poco complicada.
Gabriela Pavón pinta desde su niñez, desde hace 18 años de modo cada vez más intenso. Desde hace 10 años mantiene su propio taller. Al llegar a la madurez, se afianza su personalidad de artista.
Al vivir lejos de su tierra, la añoranza se ve acompañada por interrogantes como: ¿de dónde soy? O, ¿a qué tierra pertenezco? ¿Qué círculo cultural corresponde mejor a mi sentir?
Gabriela Pavón ha encontrado una síntesis entre el lenguaje figurativo de su tierra mexicana y una forma europea de expresarse. El éxito cosechado en este país demuestra que aquí se ha comprendido su arte como reflejo de una abstracción no del todo palpable y un insinuado vuelco hacia lo concreto. Sería interesante saber cómo interpretan sus obras los mexicanos.
Antes, sin embargo, un círculo más grande de amantes del arte de Europa tendrá oportunidad de ver las obras de Gabriela Pavón, con ocasión de una feria paralela a la “art cologne”, la “Tease Fair Cologne”, en Colonia, en la que Gabriela Pavón expondrá sus obras en abril. Hoy nos sentimos muy complacidos de tenerlas aquí.
Philine Maurus, Februar 2008
|
|